Mi autobiografía: Vianet Marín Restrepo
Iniciándome en el maravilloso, fascinante y mágico mundo de la escritura.
Mi nombre es Vianet Marín Restrepo, nací un 25 de noviembre en un hogar conformado por papá, mamá y nueve hermanos en el cual ocupo el puesto séptimo; una casa construida de barro típica campestre, rodeada de animales como caballos, unas que otras vaquitas, pájaros, “se me viene a la mente el sinsonte que mi madre tanto quería llamado Roberto, el cual escapo un día y nunca regreso”, gatos, perros y gallinas, me cuenta mi madre que a los pocos minutos de haber nacido, reía y reía, como queriendo decir: “gracias mamá por permitirme vivir y llegar a este maravilloso mundo“.
Actualmente vivo en el municipio de Betulia, ubicado en el sur oeste del departamento de Antioquia, región cafetera, ganadera y minera, tengo un hermoso hijo el cual se llama Briand Alexis chica, 17 años, no soy docente, laboro en el hospital de mi localidad.
Recordando ese maravilloso mundo de la escritura.
No tenía más de cinco años cuando empecé a frecuentar la escuela, la cual queda ubicada en la vereda Monter Redondo (aún existe) de donde soy oriunda, construida con guadua y tapadita con cartón y madera, recuerdo que antes de irme, debía dejarle a mi mamá las arepas hechas, feítas pero así las consumíamos; recuerdo con mucho cariño y gratitud a mi primer profesor llamado Jesús Antonio Rueda, el cual llegó a esta vereda iniciándose como docente, me cogió gran aprecio porque era la mas pequeña del grupo, “la mascotica”, éramos casi 50 alumnos entre la básica primaria, tenía una compañerita llamada luceny la cual me defendía de todos los que me tiraban los cabellos, yo no me dejaba molestar, también les pegaba, les metía zancadillas, me les escondía en los caminos y los emprendía a piedra, como se esmeraba mi madre para empacarme en las cocas, lo que llaman ahora lonchera la media mañana siempre me dejaba lo mejor para mi, huevos, carne, frutas, leche, quesito y los dulces que le encargaba a mi padre todos los domingos que salía al pueblo a mercar.
Antes de salir al descanso, hora de la media mañana yo refería que tenía ganas de ir al baño, de paso lograba para comerme mi lonchera y cuando todos salían al primer recreo me preguntaba mi profe: ¿Vianet su mamá no le empaco desayuno? , me hacia la sufrida y le decía que “no, no tubo tiempo, porque estaba despachando a mi papá y a mis hermanos para el trabajo y de pronto me cogía la tarde para venirme a estudiar”, como éste me quería tanto de inmediato partía su desayuno con migo, después de comérmele el desayuno al profe me dormía un gran rato, recuerdo que la jornada académica era de 8am a 3pm, pues lo que estudiaba era muy poco me la pasaba dando lidia debido a mi corta edad, lo cual el profesor nunca me obligaba hacer nada, decía “que jugando también se aprende”, frase que nunca olvido; ya, cuando me veía con disposición me colocaba planitas con rayitas, bolitas y cuadritos, llegaba feliz a mi casa mostrándole a mamá lo que había hecho, con el paso de los meses se fue incrementando el número de alumnos, lo cual fue necesario llevar otra profesora, nunca imagine que seria mi verdugo en este proceso
El verdadero inicio en todo este proceso, el de la lectura y la escritura
Pues bien, llegó la profesora Girleza Gómez, la que le colocaría remedio a esta hermosa niña, decía: “que a nosotros nos mandaban a la escuela era a estudiar, no a molestar ni a dar lidia”, y fijaba la mirada hacia mi, unos ojos expresivos, negros azabaches que inspiraban miedo en vez de respeto, bueno, como la verdad era que a mi me mandaban a la escuela era a aprender me dedique a eso, se me dificultaba mucho hacer la e, la u y la m, era obvio que no seria capaz de llevar a cabo la escritura de algunas palabras y por tal motivo esta profesora me castigaba colocándome una piedra pesada en cada mano, el resultado fue que me aleje unos días de la escuela y le decía a mis padres que no volvería o que me dejaran con Jesusito que con esa profesora gorda y fea no estudiaba, mi mamá insistía que tenia que regresar, “que como era que no iba aprender a leer ni escribir”; regrese, me coloque juiciosa y todo lo que tenia que hacer lo hacia.
Cartillas, libros, cuentos y dibujos que se quedaron en mi mente.
Me escapaba para la parte trasera de la escuela a leer en una cartilla llamada coquito o en otra que me prestaba mi compañerita luceny llamada nacho lee 1, aprendí a leer, cosa que la profesora ignoraba, hasta que un día dijo que iba a sacar a leer a los alumnos más indisciplinados, sabia que me sacaría a mi, pero yo estaba preparada , leí un cuento que titulaba “la zorra zorrisima y el pollito chiroso”, titulo que se quedo en mi mente, porque luego de leerlo nos coloco a hacer el dibujo del cuento y el mío fue el mejor, recuerdo que mi mamá me premio por hacer un dibujo tan hermoso, una zorra y un pollito, me regalo un pollo, el cual bautice “pacho”, pues a pacho le dio gripe y murió. Me encantaba el pulgarcito, los pollitos, la serpiente de tierra caliente, el señor don gato y otros que no recuerdo, se que hay mas; así fue transcurriendo el tiempo y supere muchas cosas en mi vida entre ellas la apatía que sentía por la profe, le hice ver que con esfuerzo y dedicación terminaría mi primaria, me escogió dentro de muchas para enseñar el catecismo en la escuela, yo encantada, me apasione por el catecismo y la sagrada biblia, pues eran los únicos libros a parte de los antes mencionados que veía, leía mucho el génesis el inicio; parte que habla de la creación del mundo y del catecismo leía el padrenuestro, el credo y todas las oraciones que allí se encuentran
Un mundo diferente.
Mamá y papá se separaron y viajamos a la ciudad de Medellín, donde inicie mi secundaria en el IDEM “santo domingo sabio”, allí conocí docentes maravillosos y me introducí en un mundo totalmente diferente al que estaba enseñada a vivir, mundo al cual no le mostré miedo, habían grupos de teatro, de danzas, de pintura, chirimías etc. ingrese al de danzas, me encanta el baile y todo lo relacionado con el movimiento, no conocía una biblioteca, pues cuando la docente de lengua castellana la profe Anita nos llevó allí para escoger un libro y analizarlo me embobe viendo tanto escrito junto en unas hojas manchadas, dobladas, rotas, rayadas, viejas, algunos libros sin forro, hojas sueltas, pero allí se escondían infinidades de historias escritas en novelas, poesías, cuentos, etc. deje de ir unos días y cuando regrese me olía a nuevo, observe que habían dotado algunas estanterías de libros nuevos, recuerdo que leí el moro de José Manuel Marroquín, recordaba un caballo que tenia mi padre el cual le coloco este nombre “el moro”, obra en la cual se refleja también la ingratitud de los humanos hacia los animales, empecé a frecuentar la biblioteca, los días que no tenia que ir a danzas me iba para allí, también leí un fragmento del quijote, el hueco, la bruja, platero y yo de Juan Ramón Jiménez, y otros que se me olvidan en el momento; fue un mundo maravilloso; el enfrentamiento entre las letras, el contenido y el análisis.
Un texto con mucha reflexión
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